Dejame empezar este día con té con galletitas y tertulia extraña. Dejame ponerte música que no te guste o que lo haga a medias. Y conseguir que al final, después de tanto escucharla, te encante. Que lo haga porque te recuerde a mí, a mis ganas de sentir el mundo como solo mío y meterte a ti dentro.
Es como meterte en una maleta de viaje y dirigirte a mi propio universo. Ese que yo he diseñado y que tan distinto es del que ven los demás.
Y que te escapes, porque no te guste estar anclado en ningún sitio y prefieras crear el tuyo propio, y que yo me enfade mucho mucho porque este planeta se queda entonces vacío. Como el del Principito sin su rosa. Y, al final, que vuelvas porque incluso tú no eres capaz de soportar esa oscuridad tan pura, tan vacía de cualquier tipo de luz que es ese planeta.
Déjame que conserve el recuerdo de tu vuelta y me ate a él por si un día te vuelves a marchar de este universo que voy construyendo.
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