y a veces lloraba
No se acostumbraba al invierno largo, al hueco en el sofá que no le pertenecía y que, sin embargo, allí estaba, insalvable. Como tantas otras cosas puestas donde debían estar y que no se atrevía a guardar en cajas porque eso habría supuesto aceptar el frío que le helaba los huesos. Así que lo dejaba todo quieto, el hueco del sofá y el invierno trémulo que le atrapaba los pies cuando los sacaba fuera de la manta. Lo dejaba todo igual y a veces lloraba, mirándolo, abarcándolo con la vista mientras le dolía en lo más hondo aquella ausencia prolongada en el tiempo que no terminaba de acortarse. Y cómo lloraba. Tanto que acababa avergonzándose de sí mismo por no poder parar.Y él lloró y lloró, toda una vida entera de lágrimas, las que no había echado de pequeño ni de más mayor, todo lo que no se atrevió a llorar mientras ella había estado enferma. Hasta que se puso enfermo también, no solo de pena sino de hambre, de frío, de miedo, y pasó en aquella cama donde la había visto irse una semana entera. Toda la vida, en realidad, porque cuando se levantó por fin, rugiéndole las tripas en un sonido largo que le había acompañado todos aquellos días, comprendió que ya no era quien era. Que se había muerto él también, estando vivo todavía, y ya solo le quedaba el hueco vacío del sofá y la espera de la primavera mientras combatía aquel invierno que se lo había arrebatado todo.
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Esto me dio ganas de llorar, comenzare a seguir este blog...
ResponderEliminarun cordial saludo
matias massa
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