Vic. ¿por qué dijiste que nunca seriamos nada?

Vic.  ¿por qué dijiste que nunca seriamos nada?
Haz el favor de no destrozarme.

Las gotas de sudor recorrían nuestras frentes, se deslizaban por las espaldas y se suicidaban por nuestros vientres en una fiesta de confesiones secretas. El sol interrumpió nuestras intimidades.

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